La ansiedad es una sensación con la que muchos de nosotros estamos familiarizados. Pero, ¿sabías que la intensidad de la ansiedad puede seguir un patrón predecible? Esto es lo que se conoce como la curva de la ansiedad. En este artículo, vamos a explorar qué es la curva de la ansiedad y cómo se desarrolla en nuestro cuerpo y mente. ¡Acompáñame en este recorrido para entender mejor nuestras emociones y cómo nos afectan!
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta adaptativa de nuestro organismo y es beneficiosa para nosotros. Ciertos grados de activación nos preparan para ejecutar mejor algunas de las tareas con las que nos enfrentamos en el día a día, por ejemplo, un examen, una entrevista de trabajo… .
Tiene como fin nuestra supervivencia, poniendo en marcha cuando percibimos un peligro real o imaginario, externo o interno. one en marcha cuando percibimos un peligro, real o imaginario, externo o interno. Es una respuesta innata que nos prepara para huir o para luchar cuando nos sentimos amenazados.
Quizás la forma más sencilla de explicar qué es y cómo funciona sea a través de la curva de la ansiedad:

La curva de la ansiedad. En qué consiste
De forma muy esquemática, cuando percibimos un peligro se produce una intensa activación psicofisiológica en nuestro Sistema Nervioso y en todo nuestro organismo que produce los siguientes cambios:
- Se tensan los músculos.
- Se redistribuye la sangre de modo que llegue a los órganos donde más se necesita.
- Aumenta la coagulación de la sangre.
- Dilatación de las pupilas.
- Aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria.
- Se segrega más glucosa y cortisol…
Una vez que el peligro pasa o resolvemos con éxito la situación con unas habilidades de afrontamiento eficaces, nuestro Sistema Nervioso se reequilibra y volvemos a nuestra línea base.
Trastorno de la ansiedad
Pero, ¿Qué ocurre cuando esta activación se prolonga en el tiempo?
Puede ser que en algún momento vivamos una situación de incertidumbre que se prolonga en el tiempo que nos mantiene en un estado de alerta latente, o que un cúmulo de cosas del día a día se vayan sumando, añadiendo más estrés, y vayan agotando nuestras habilidades de afrontamiento. Si nuestro organismo no se libera de este nivel de activación, de estos cambios ocurridos ante lo que consideramos una amenaza, de este estado crónico de «lucha» o «huida» se puede producir un agotamiento físico y mental que podría derivar en un trastorno de ansiedad.
En un principio, nuestro organismo intenta resolver esta situación pero antes la continua activación se agota.

No podemos evitar estas respuestas innatas de activación de nuestro organismo, ni podemos eliminar todas las situaciones estresantes de nuestra vida. Lo que debemos hacer es aprender a gestionar nuestros pensamientos y emociones, contrarrestar estas reacciones con ejercicio físico, con ejercicios de respiración y relajación e introducir en nuestra vida actividades que nos motiven y que nos gratifiquen.





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